“Búscate una excusa”

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BÚSCATE UNA EXCUSA

Búscate alguna excusa cualquiera para hilar un motivo y me llamas,

Te prometo esperar tras la puerta hasta el amanecer.

Y no importa que seamos amigos, en lugar de invitarte a mi cama,

Puedo ser hoy tu aliento y tu abrigo, mañana no sé.

No tendré preparado un cubata, hace tiempo que sé que no bebes;

Te prefiero discreta y sensata, creer que me mientes

A saber la verdad.

Y si cuentas un nuevo romance fingiré no morir de tristeza.

Inocente diré si es estable y seguro comentas:

Como tú nadie hay”.

Y si te echo de menos y decides quedarte

Para atar el deseo tengo más de un colchón;

O si duermes conmigo y las sábanas arden

Que se queme el instinto pero no la pasión.

Cuando al décimo asalto preguntes: “¿has compuesto algo nuevo estos días?”,

Tocaré hasta que el mundo se inunde con nuestro sudor.

Mentiré al hablar de la musa que inspiró la canción que pedías…

Ojalá se te antoje una duda y quiebres mi voz.

Miraré tu actitud de reojo, por si acaso de reojo me miras;

Dejaremos fluir a su antojo los nervios, la prisa

Y una torpe emoción.

Buscaré yo la próxima excusa para darte mañana un motivo,

Y jugando a la ruleta rusa un beso furtivo

Nos dará la ocasión.

Y si me echas de menos y decides quedarte

Para atar el deseo pídeme otro colchón;

O si duermo contigo y las sábanas arden

Que nos queme el instinto abrasados los dos.

Y si te echo de menos…

Elipsis

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Odisseus by Znttus

Cuando te transformas en isla
soy los restos de un naufragio que se hunden antes
de alcanzar la orilla.
Devorado en mitad del océano por tus elipsis,
a imagen de un Aquiles
con el talón cercenado,
perezco
arrastrado por cantos de sirena y sin un mástil
al que amarrar mi espera.

Cuando te transformas en isla
chapoteo
tan ausente de brazos y de piernas
que un pez dragón de las profundidades abisales
se muestra más asequible siquiera de rozar con la punta de mis dedos
que un grano solo
en la arena de tu playa.

Cuando te transformas en isla
sobrevuelo con víveres,
como un Grifo de coraje incombustible,
por encima de esa hambruna que jamás acierto a descubrir si sientes.
Anhelando fuego de bengalas,
colgado de un hilo roto, pero
reconociéndome en la piel de ese Viernes agradecido,
rescatado por ti del invierno
y cuyo único celo consiste en
existir
cada día de tu semana.

Cuando te transformas en isla,
me hago Odisea.
Rodeo con mi soledad imponentes muros
y a expensas del absurdo
relleno tus elipsis de conveniencia fracasada,
pues a pesar del temor de no saber
quizá
regresar a la patria,
o de que el salitre de las aguas me convierta en estatua,
ingenuo y torpe
me vuelvo a ti, como la mujer de Lot
contra todo mandamiento y rigor,
a esa isla que amo y duele,
sabedor de que una renuncia completa
es una piedra desprendida del caos que
destroza mi sueño -de idéntica manera al de Nabucco-
y mis pasos de barro.

“Mishasho”: mi primera novela

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Portada de “Mishasho”

    Dicen que los hombres no parimos. Es mentira. Alguna vez lo he hecho, pero con algo menos de dosis de paciencia de por medio. Este parto, el primero en su especie fue de dos años casi justos, y para el alumbramiento tuvieron que pasar casi dos años más. Es lo que tiene ser un pejiguera.

    Uno escribe por necesidad, y no económica quiero decir, sino de estar delante de una pantalla de ordenador (con lo bien que quedaba lo del papel) y ponerse a transcribir ideas lo mejor que uno puede y luego poder compartirlas. Cierto que hasta Dickens escribía a veces para sacar unas pelillas (sus cuentos para las navidades), aunque no lo precisara, desde luego; o Faulkner, que se puso con “Santuario” para ver si se lo publicaban y poder dedicarse luego a alguna obrilla más seria. Incluso rompió casi todos sus principios y finales personales cediendo a hacer cambios de todo calado y lugar para conseguir su objetivo.

    Lo mismo yo soy más porculero que Faulkner, porque no me plego, y eso tienes sus inconvenientes. He odiado siempre nada cordialmente el mundo editorial y sus derechos sobre el autor (no de autor), así que empecé con esperanzas mandando el manuscrito a editoriales independientes y/o alternativas, o eso decían algunas. Pero, bien porque no tienen tanta posibilidad de ampliar catálogo como las gordas y sebosas bien porque no eran tan alternativas como gustaban de venderse, las mandé a todas al garete y guardé el manuscrito en el cajón de los olvidos. Queda mejor esa expresión que decir en una de las carpetas personales del home del ordenador. Sigue leyendo