De haber sido Príamo

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Priamo chiede ad Achille il corpo di Ettore di Antonio Giaccarelli, 1819

De haber sido Príamo conocedor

de la omnisciente protección de tu abrazo

te habría tomado por la fuerza

como a otra pérfida Helena

y ningún equino de vientre fecundo

hubiera dominado Ilión allende sus muros;

 

y a ti, sólo a ti, vástago de Zeus,

hubiera osado Homero dedicar

sus hexámetros dactílicos.

Elipsis

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Odisseus by Znttus

Cuando te transformas en isla
soy los restos de un naufragio que se hunden antes
de alcanzar la orilla.
Devorado en mitad del océano por tus elipsis,
a imagen de un Aquiles
con el talón cercenado,
perezco
arrastrado por cantos de sirena y sin un mástil
al que amarrar mi espera.

Cuando te transformas en isla
chapoteo
tan ausente de brazos y de piernas
que un pez dragón de las profundidades abisales
se muestra más asequible siquiera de rozar con la punta de mis dedos
que un grano solo
en la arena de tu playa.

Cuando te transformas en isla
sobrevuelo con víveres,
como un Grifo de coraje incombustible,
por encima de esa hambruna que jamás acierto a descubrir si sientes.
Anhelando fuego de bengalas,
colgado de un hilo roto, pero
reconociéndome en la piel de ese Viernes agradecido,
rescatado por ti del invierno
y cuyo único celo consiste en
existir
cada día de tu semana.

Cuando te transformas en isla,
me hago Odisea.
Rodeo con mi soledad imponentes muros
y a expensas del absurdo
relleno tus elipsis de conveniencia fracasada,
pues a pesar del temor de no saber
quizá
regresar a la patria,
o de que el salitre de las aguas me convierta en estatua,
ingenuo y torpe
me vuelvo a ti, como la mujer de Lot
contra todo mandamiento y rigor,
a esa isla que amo y duele,
sabedor de que una renuncia completa
es una piedra desprendida del caos que
destroza mi sueño -de idéntica manera al de Nabucco-
y mis pasos de barro.

Como a una Sabina

El_rapto_de_las_Sabinas,_de_Valerio_Castello_(Museo_de_Bellas_Artes_de_Valencia)

El rapto de las Sabinas, de Valerio Castello (Museo de Bellas Artes de Valencia)

Como a una Sabina
raptaste mi pecho;
no hicieron falta gladios,
musculados torsos
ni la traición postrera
de Tarpeya
para expugnar sus muros,
pues tu inabarcable piélago es
el único ajuar
que porto en mis brazos.

Con tu escudo
aplastaste mi adentro,
abierto a ti, infinito
y casi eterno igual que el cosmos;
y nutrida tu cohorte con mi incondicional connivencia,
una vez arrebatada la galea
protectora inútil de la víscera del tórax,

residiste.